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Como decía el recordado Sergio Gareca en una nota del diario. El Tribuno, el “Gallego” fue una pluma de lujo, un cronista de registro múltiple que perteneció por méritos propios junto a los mejores de este oficio, y su nombre no desluce a la altura de Roberto Arlt, Haroldo Conti y Rodolfo Walsh, que supieron dar testimonio de las urgencias y necesidades de su tiempo.

“Divagaciones”, esa columna que mantuvo en los mejores momentos de la revista Nexo de El Tribuno, tenía títulos tan sugestivos que invitaban desde un principio a leerlo: “En esta navidad brindemos sin piedad”, “para mal de males no hay relaciones carnales”, “los pobres no van en avión de puro malo que son”, “andamos de mal en peor por culpa del lord mayor”, “hacerse el burro es el nuevo curro”, “nos ahogamos cada día entre tanta tontería”, “después de tanto mangazo por fin llegó el salariazo”. Pero no era solamente el título, que es tan importante en el periodismo: el desarrollo de la nota con su particular estilo no tenía nada que envidiarle a ningún periodista de su generación. El uso de temas populares, junto a la utilización del humor y la ironía, era tan similar a las “aguafuertes” de Roberto Arlt en el diario El Mundo.

Muchas de las columnas del “Gallego” apuntaban a una mejora en la escritura. “Día del idioma, ¿cuál idioma?”, o esta otra: “pobre de nuestro idioma, está en estado de coma”, o “el idioma no es de goma”.El Gallego enfocaba temas como estos y también los relacionados con el trabajo.

Él sabía decir que la sociedad no debía tenerles lástima a quienes tenían alguna discapacidad, que había que darles las herramientas necesarias para que se insertaran en la sociedad.También sostenía su teoría de que al ciego había que decirle ciego y no “no vidente”, porque con ese criterio al rengo había que rotularlo como no caminante, al sordo como no oyente y así con el resto de las discapacidades.Una vez le preguntaron si podía definir el periodismo y contestó:

“Digamos que es un trabajo como cualquier otro, donde uno agacha el lomo para parar la olla, pero como en todo oficio, hay para elegir entre buenos, malos, masomenos y menosmas, que son los más numerosos”.Sobre las noticias decía: cuando un perro muerde a un hombre no es noticia; cuando un hombre muerde a un perro es noticia. Y muchos son los que están dispuestos a conseguirla a cualquier precio.

Parafraseando aquella vieja película que relata ese particular mundo: “Señor Boot, soy un periodista de 250 dólares a la semana. Se me puede contratar por 50. Conozco los periódicos por delantey por detrás, de arriba abajo. Sé escribirlos, publicarlos, imprimirlos, empaquetarlos y venderlos. Puedo encargarme de las grandes noticias y de las pequeñas. Y, si no hay noticias, salgo a la calle y muerdo a un perro. Dejémoslo en 45”, expresaba el protagonista de la película “El gran carnaval”, de Billy Wilder.Inclusive, en una nota pone en duda que Mariano Moreno fuera el primer periodista. Destaca que hubo otros que se anticiparon, aunque no trascendieron. Con su firma expone otros reveladores detalles.

Su novela “Bisiesto viene de golpe” llegó a ser un best seller.Anteriormente había publicado, en 1974, un libro de cuentos, “El la crítica con los mundos de Juan Rulfo y de Héctor Tizón, y de llamaviento”, cuyos espacios de ficción fueron emparentados por ese corpus “La cometa” fue seleccionado para integrar una de las antologías de Colihue sobre autores regional esxiste mucho material para hablar sobre Zamora y la docencia que ejerció sobre una gran camada de periodistas. Rescato una nota que habla de su progenitor, “Un hijo llamado Blas”, y que cuenta el porqué del nombre: “cortito y claro, sin diminutivo, casi perfecto”. Para el final quiero rescatar lo que él mismo escribió sobre la obra de la pintora Alicia Neyman, aunque modificando algunas pequeñas cosas:

“Su escritura fue comunicativa, llena de vida, rica en matices que a veces –aunque parezca paradójico– escapan al ámbito puramente descriptivo y alcanzan un punto desde donde empiezan a sugerir imágenes poéticas”. Y así fue la obra del “Gallego” Zamora

Por Humberto