Angel era un  pequeño de cuatro años, con una carita inocente llena de temor ante la decisión del juez de que debía volver con su madre; la misma mujer qué desde el mismo momento que nació lo abandonó a su suerte. Ocurrió en Comodoro Rivadavia y el asesinato de Angel trajo a la memoria la triste suerte de Lucio Dupuy, de cinco años, brutalmente asesinado a golpes en La Pampa por la madre y su pareja.

La resistencia de Angel, de apenas cuatro años, sus lagrimitas, el pedido de querer seguir viviendo con su padre, las repetidas imágenes visualizadas en las redes sociales conmovieron a la gente, no así a quienes tenían la responsabilidad de protegerlo. Falló otra vez el Estado. Fracasó la Justicia, minimizó tu llanto, las  suplicas que hoy conmuevan a quienes consideran que la vida de  un niño vale más que cualquier apartado de una ley que se aplica de acuerdo a la conveniencia. 

No te querías ir Angel y nadie te escuchó, mejor dicho nadie quiso escucharte. La justicia con la sentencia marcada, los profesionales sin ningún tipo de empatía, quizás presurosos de volver a sus tareas habituales, a otros casos como el tuyo, al igual que los policías apurando el trámite. Ni los docentes de la escuela, convertida en tu refugio, pudieron ayudarte. Allí donde tu tímida sonrisa salía a corretear en los recreos, junto con esa pequeña mochila que llevaste hasta último momento en tu frágil espalda; la escuela era un paraíso, tu casa, un infierno. 

Y esa mochila que albergó tus sueños desparramada en alguna parte, también quedó a la deriva, sin ningún tipo de protección. La mañana fría de Comodoro Rivadavia,  ahora no puede detener el impulso de la gente que busca respuesta.

Nadie te estiró la mano para rescatarte. Asesinos con tapaboca no dieron la cara, mientras la hiena que, por algo, nunca llamaste Mamá, porque te abandonó apenas naciste, esgrime una justificación. Los últimos días fueron un martirio. Tu cuerpito a la deriva esquivaba un remolino de golpe arrojados de manera cobarde. 

A nadie le importó, menos a la justicia que en noviembre de 2025 dictaminó que debías volver a ese hogar que nunca quisiste. 

Nadie se acordó de la vigencia La Ley Lucio (N° 27.709), sancionada en Argentina en abril de 2023, que busca prevenir el maltrato infantil mediante la capacitación obligatoria en derechos de la infancia para funcionarios públicos de los tres poderes, campañas de concientización y la protección de la identidad de denunciantes. 

La responsabilidad es de los poderes, el Juez, la asesora de menores, la psicóloga  y otros profesionales vinculados a las áreas periciales, con el objetivo de analizar distintas versiones del caso removieron un debate que es preciso actualizarlo. 

Nadie levantó la voz que pudo haberte salvado. Al contrario querían entregarte rápido. Y vos como un pajarito mojado, con esa carita de pedir que alguien te escuche, siempre nos hará sentir culpable.  Tal vez presentías que esos golpes incesantes no se iban a detener, que cualquier promesa se iba romper al instante de salir y que tu frágil cuerpo iba a ser destinatario de los golpes, los mismos que te acompañaron desde el nacimiento de tu breve vida.

Tu sentido llanto no los conmovió y todos dirán que cumplieron con la maldita ley. Tus súplicas tampoco sacudieron la indiferencia. Pensaron que eras uno más. Que tu partida iba a ser como otras muertes de niños inocentes, tapadas por el olvido, en manos de bestias humanas disfrazados de hombres y mujeres. 

Sin embargo tu rostro y tu voz débil sonará cada vez más fuerte en la conciencia de aquellos que un día de abril no escucharon tus ruegos. Los  jueces inoperantes, los profesionales indiferentes. Los testigos indolentes no podrán mirar de frente a sus hijos porque tus ruegos los acompañará por siempre, tus lagrimitas convertidas en un torrente impetuoso se convertirán en muchas manos reclamando justicia. 

Abril nos traerá siempre el recuerdo de ese niño que dejó de ser Angel para convertirse en un ángelito, al que nadie escuchó.

Por Humberto