El día que Murió Diego Maradona, en un partido de los Pumas contra los All Black, antes del tradicional Haka, la danza ritual de los neocelandeses,  el capitán de los hombres de negro,  ofrendó una camiseta con el apellido Maradona y la número 10 en la espalda. La camiseta negra emblema de épicas batallas en el rugby mundial era el reconocimiento a una leyenda y por un instante quedó como bordada en el centro del campo de juego.

Diego, más allá de ser uno de los mejores jugadores del mundo, y errores en su vida privada, se destacó por su rebeldía ante las injusticias sociales. Su figura trascendió lo deportivo para convertirse en un símbolo de los más humildes y cuestionando abiertamente a las estructuras de poder. 

La relación entre Diego Maradona y Gianni Infantino pasó de ser una alianza cercana en los inicios del mandato de Infantino en la FIFA a una profunda decepción marcada por reclamos del «Diez» sobre promesas incumplidas, corrupción dirigencial y falta de respeto hacia las viejas leyendas del fútbol.

Algo similar ocurrió con Julio Grondona (histórico presidente de la AFA) fueron una de las rivalidades más intensas y duraderas del fútbol argentino, marcadas por el amor y el odio. 

Hoy en un mundial atípico lleno de matices políticos y la guerra en medio Oriente, con miles de víctimas inocentes imaginó a Maradona protestando en defensa de lo que hicieron a los jugadores de Irán. 

A comienzo del mundial la selección de Irán llegó a México no por elección propia, llegó porque Estados Unidos le negó las visas  a quince miembros de su cuerpo técnico. Quince personas entre entrenadores, médicos, preparadores y asistentes que no pudieron entrar al país sede del torneo más grande del mundo. El presidente de la Federación iraní tampoco pudo cruzar la frontera y los jugadores, los mismos que debían prepararse para competir ante el planeta entero, tenían que viajar desde Tijuana hasta Los Ángeles para disputar sus partidos y regresar a México ese mismo día. y porque tampoco les permitían quedarse a dormir en territorio estadounidense. Canadá, el otro país sede, también los rechazó y entonces la FIFA hizo una llamada a México y México dijo que sí, sin cálculo, sin condición, sin protocolo previo ni análisis de conveniencia diplomática. Y ahora, luego de que Estados Unidos levantó las prohibiciones México despidió con bombos y platillos a Irán.

Me imagino en éste mundial a Maradona envuelto en una bandera de Palestina luciendo el pin de las 168 niñas iranies cobardemente asesinada por un misil de crucero Tomahawk estadounidense. Los misiles de crucero de este tipo son proyectiles guiados que se disparan de forma remota desde buques de guerra o submarinos, por lo que no interviene un piloto de aeronave en su ejecución directa.

Ironías e injusticia de un mundo, redondo como una pelota de fútbol, marketinera como le gusta a Gianni Infantino; mientras Chiqui Tapía le manda señales a Pablo Toviggino para que agrande la alcancía.

El dato más revelador aparece cuando miras la evolución torneo a torneo. En Sudáfrica 2010 el handle regulado fue de 6,400 millones, Brasil 2014 saltó a 10,000 millones, Rusia 2018 duplicó eso con 21,000 millones y Qatar 2022 lo llevó a 35,000 millones.

Hoy La proyección global de apuestas reguladas alcanza los 52,000 millones de dólares. Si le sumas operadores offshore, sindicatos asiáticos y libros cripto, la cifra real trepa hasta los 236,000 millones. Un número que hace parecer chica a cualquier otra competencia deportiva del planeta; sin dudas un negocio millonario redondo, a espaldas de un planeta cada vez más pobre y envuelto en guerras ancestrales.  

La ley de las foto es San Cane capitán de los All Black

Por Humberto