“Bajo el volcán” es el título de la mejor novela de Malcolm Lowry que se aplica para ilustrar la campaña electoral desatada en la Argentina tristemente devaluada (por su Majestad Morgan Stanley).
Campaña por la inutilidad de las PASO. “Bajo el volcán” transitoriamente contenido.
Para el pirata Morgan, Argentina juega en una liga demasiado inferior. Amateur. Hay más descenso. Ánimo.
Sin derecho al orgullo ni a la ambición. El país dejó de ser “emergente” para resignarse a no emerger, acaso, nunca más.
Quedó estampada en la piadosa humillación de la categoría “standalone”.
Endeudado, sin crédito ni ideas, dividido y sin fe. Y cruelmente castigado por la peste.
Entre dos opciones. Confronta El Trozo de Nada (Frente de Todos) y la Insustancialidad Políticamente Organizada (Juntos por el Cambio).

La elección presidencial de 2019 estuvo signada por el préstamo irresponsable del Fondo Monetario Internacional. Paralizó lo que ya venía estancado.
Fue el precipitado crédito electoral de 50 mil millones de dólares oficiosamente otorgado para evitar el regreso del populismo arrebatador.
Y para consolidar el republicanismo blanco de Mauricio Macri, El Ángel Exterminador.
Pero el Ángel suele ser adicto a las hazañas conmovedoras. Encaró la inapelable proeza de perder.
Pese a los 50 mil palos avalados por Donald Trump. Pese a la sensualidad de la señora Lagarde, Madame Bovary.
Y con el impulso cotidiano, ligeramente mufa, de Clarín y La Nación.

Indigencia

La Argentina emergente mantenía un destino de indigencia.
Prestarle dinero al insolvente que se tuteaba con el default fue un acontecimiento memorable.
Por la continuidad jurídica del estado, la Argentina debe hacerse cargo de la deuda.
El que debía poner el rostro (no los billetes) era el indeseable vencedor (aún creía que era algo). El prematuramente envejecido gobierno de La Doctora, que preside Alberto Fernández, El Poeta Impopular. Gran generador de memes.
Entonces el equívoco del préstamo se multiplicó por dos. En 2021 transcurre la prolongación de la campaña de 2019.
El Fondo de Madame Lagarde participó generosamente con el préstamo electoral. Para que triunfara, al final, el populismo.
Se le reclama el pago (por el cuento de la continuidad jurídica) al Mal que representa La Doctora.
Una populista obstinada en arrastrar al país blanco, ya casi perdido, hacia los bajos fondos de Venezuela.
Por la magnitud de la deuda electoral, y la inmanencia de la peste, el populismo de La Doctora no podía siquiera proyectarse.
Y el Poeta Impopular pronto ya era como un título de Francois Furet. «El ocaso de una ilusión» (Ilusión, sobre todo, de los Insustanciales que apostaron por su gloria para emanciparse de La Doctora).
En adelante, sería tomado, con fuertes fundamentos, «en joda».
Se pronunciaba su nombre y estallaban las carcajadas.

Y Martín Guzmán, El Chapito, el presentable ministro de Economía, se desgastaba en el pedal del acuerdo con el Fondo prestamista.
Le costaba -pobre Chapito- conseguir que Argentina no pague en diez años lo que nunca se iba a pagar en veinte.

n síntesis: el Fondo puso para que la cepa kirchnerista del peronismo perdiera ante los republicanos blancos del Ángel. Pero los populistas los embocaron.
Y el prestamista después quiso cobrar para que la cepa kirchnerista perdiera de una buena vez.

La facción preferencial de los Insustanciales se recuperaba gracias el descalabro del Trozo de Nada.
Significa confirmar que el país insolvente y devaluado se encontraba ya «en situación de calle».
“Es un país mendigo”. Lo dijo Hamilton de Mourao, vicepresidente del selvático Brasil.
Con el humillante standalone se le esfumaba a la Argentina hasta la posibilidad del crédito.
Se consolidaba y extendía el inaceptable agravio de ser el “país garca”.
Como lo dijo el economista erudito Ricardo Arriazu.
“La Argentina ha estafado un montón de veces, siempre pide dinero prestado y luego no quiere pagar”.

A billetes limpios

Al cierre del despacho, sorprende que la cepa del kirchnerismo mantenga con el Fondo litigios que siempre supo evitar.
Consta históricamente que Néstor Kirchner, El Furia, se sacó exitosamente al Fondo de encima.
El Furia decidió heroicamente apartar al Fondo para recaudar tranquilo e instaurar las bases argumentales de la Revolución Imaginaria.
Le pagó, incluso, al Fondo, más de lo que le correspondía.
Receta que copió el discípulo que no lo conoció. Axel Kicillof, El Gótico. Y sin poner billetes, pero sí la firma, con el Club de París.

Y con la cinematográfica expropiación de YPF. Lo demuestra el monumento en mármol y oro a don Antonio Bruffau, enclavado en la Cibeles.
Con su patriótico ejemplo, El Furia se anticipó para impugnar la efectista teoría del racional Arriazu.

En vez de “estafar”, Kirchner prefirió basurear al Fondo acreedor. A los billetes limpios. Billetazos en la mandíbula.
Les puso, de frente, 8 mil millones de dólares vivos, para que los burócratas dejaran de jorobarlo con las frecuentes auditorías.
Para poder recaudar en paz, inmortalizar la Revolución Imaginaria y meter adentro las convicciones en la Casa Rosada.
Sin dejarlas, como hubiera correspondido, en la puerta.

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