Juro por mis padres que me enseñaron el camino de la honestidad, a marchar siempre en línea recta, a no dejarme tentar por lo prohibido, a no especular, a no  ser ambicioso y fundamentalmente a no robar. Sería lo más simple.

O si prefiere 
“¿Juráis por la Patria desempeñar fielmente el cargo de diputado/a y obrar en todo de conformidad con lo que prescribe la Constitución Nacional?”
La respuesta debería ser un sobrio “Sí, juro”.

Pero en el último tiempo las intenciones proliferan, pero no prosperan. Y lo más triste es que jamás cumplen. Sin dudas que el Congreso argentino no es solo un recinto parlamentario: es un zoológico político donde desfilan especies raras, difíciles de encontrar en cualquier otro ecosistema legislativo del planeta. Pero no: en Argentina, la sobriedad es un bien escaso.

Tal como lo dispone la Constitución Nacional en su artículo 67, los legisladores nacionales (diputados y senadores), al incorporarse al Congreso de la Nación después de haber sido votados por el pueblo, juran desempeñar lealmente el cargo para el que fueron elegidos, y actuar conforme lo prescribe la Ley Fundamental. Sin embargo, no está previsto en ella por qué o por quién deben jurar actuar de ese modo.

En los últimos años se ha convertido en costumbre que los legisladores electos, al prestar juramento después de haber elegido una fórmula acorde a sus creencias, agreguen destinatarios de ese mensaje, haciendo que el acto de incorporación se convierta en un show circense y provocador.

Nicolás del Caño el izquierdista juró por los jubilados, la discapacidad, Gaza, Palestina libre y hasta le dedicó un “¡Fuera Trump!” a Lilia Lemoine. Trump, desde Mar-a-Lago, todavía está tratando de entender qué hizo para terminar en una jura argentina.

Romina del Plá fue más allá: “Por el derecho del pueblo palestino a existir, desde el río hasta el mar”. Medio recinto buscando Google Maps para entender la metáfora.

Myriam Bregman pidió “fuera yankees” y se llevó los abucheos como medallas y los estadounidenses se deben sentir muy presionados por esta diputada.

Marita Velázquez juró “en representación de Guillermo Moreno” (¿se puede tercerizar el juramento?) y desafió a Lemoine con un “¿Vos me vas a venir a callar?”. Si esto sigue así, la próxima jura será por delivery.

Hubo para todos los gustos. Varios diputados kirchneristas juraron “por la libertad de Cristina Kirchner”. Si la justicia fuera un restaurante, Cristina ya tendría mesa reservada… en la parrilla de Comodoro Py.

Cristina no estuvo presente, pero su espíritu sí: cada vez que alguien decía “¡La Patria no se vende!”, se escuchaba un eco que sonaba a “¡Pero los hoteles sí!”.

Si Cristina sigue sumando defensores en el Congreso, en cualquier momento pide que le armen un despacho… en la celda VIP.

En medio del acto que posicionó a los nuevos legisladores, una diputada kirchnerista, Cecilia Moreau, explotó porque alguien habría dicho “¡Qué buena que está!” a otra colega.
Su respuesta fue épica:
“Las mujeres somos mucho más que un buen culo, somos cabeza, corazón, idea, coraje y perseverancia”.
Las malas lenguas retrucaron que la legisladora enfadada: “Jamás recibirá un piropo… perdió hasta en el concurso de feos por ser demasiado fea”. Crueldad nivel Congreso.
Si la diputada Moreau sigue enojada, que se prepare: en el próximo sorteo de belleza, la única chance que tiene es que el jurado juzgue estando de espaldas y sin mirar a los concursantes.

Juan Grabois, vestido de ciruja chic, saludó a Milei con el puño cerrado y luego se tocó la nariz insinuando consumo de sustancias.

Según Infobae, también habría hecho un saludo nazi. Milei casi pide un exorcismo.

Mientras tanto, los libertarios gritaban “¡La casta tiene miedo!”, la oposición respondía “¡La Patria no se vende!” y el oficialismo “¡Libertad, libertad!”. Parecía un recital de rock con tres bandas peleando por el micrófono.
Si esto sigue así, el próximo paso es que armen un ring en el recinto y lo transmita TyC Sports: “¡En esta esquina, con 80 kilos de ideología, Juan Grabois! ¡Y en la otra, con 90 kilos de motosierra, Lilia Lemoine!”.

El Parlamento argentino ha tenido legisladores de enorme categoría; basta mencionar a personajes tales como Gorostiaga, Alberdi, Sarmiento, Avellaneda, Pellegrini, Tejedor, Bernardo de Irigoyen, Joaquín V Gonzalez, de la Torre, Estrada, Palacios, Alende, Balbín, Frondizi, Vanossi, y tantos otros que enaltecieron el acto de juramento.

Por Armando.