Querido amigo Gustavo “Gordo” Ruiz vos mismo, en tu agradecimiento de hace unos días a todos los que te saludaron por tu cumpleaños, parecías palpitar lo que iba a suceder. Nada mejor que recorrer esas líneas al mejor estilo periodístico que utilizaste, desde el momento que te pusiste ese traje imaginario de corredor de Fórmula Uno para avanzar a toda velocidad hacia la bandera de llegada. Estabas demasiado apurado. Tiraba señales en cada parada, a tus mecánicos que te reclamaban bajar un cambio no le hiciste caso. No te demoraste al cambiar cubiertas ya gastadas de tantos recorrer los zizagueantes caminos de tu personal circuito callejero y alguna vez ignoraste al banderillero que pedía precaución. Aceleraste a fondo, parecías sonreír al enfrentar cada curva difícil que se te presentaba en la vida. La eludías con sabiduría y esfuerzo y así seguías adelante y siempre la llevaste al límite. Curiosamente al sacarte el casco aparecía ese rostro sonriente y bonachón que lo había dado todo. Ya no te importaba el triunfo solo esa bandera a cuadro del final que la cruzaste con sabor a despedida. Siempre te recordaré en esas tertulias amenas llenas de anécdotas en la redacción del diario. Para ser un un buen periodista hay que tener visión y pasión y vos siempre la tuviste y honraste la profesión.