En la Argentina actual, para otorgarte un crédito  los bancos ya no se guían por el Veraz, quedó en el pasado. Ahora miden el historial crediticio tomando el porcentaje de tu sueldo destinado a pagar otros créditos y de allí te consideran otro porcentaje. Multiplican y te dividen te sacan una proyección para decirte finalmente que el sistema no autoriza la operación. En el caso de tener algún conocido, peor todavía. Ahora si sos jubilados, un poco más te exigen un certificado de buena salud, expedido por una autoridad competente. Un poco exagerado, pero sirve para el sentido de esta nota. 

En este año, la palabra «crédito» suena a ciencia ficción para el trabajador promedio. Con 200.000 puestos de trabajo registrados perdidos en el último año y más de 10.000 pymes fuera del circuito, en el caso de los Hipotecarios el acceso a la casa propia es un sueño enterrado bajo toneladas de ajuste. Sin embargo, para los guardianes de la «fuerza del cielo», la realidad es distinta. La filtración de una lista de beneficiarios de créditos millonarios del Banco Nación (BNA) ha revelado que la casta no desapareció: simplemente cambió de colores.

Precisamente el Banco Nación, uno de los mayores bancos y uno de los pocos de propiedad del Estado. Cabe destacar que desde hace tiempo viene en el centro de los escándalos, a raíz de distintas operaciones, que complican a los mandos gerenciales a raíz de decisiones que comprometen el capital público. El Banco de la Nación Argentina (BNA) es una entidad estatal aunque a principios de 2025 se decretó su transformación a Sociedad Anónima (BNA S.A.) para modernizar su estructura, el capital sigue siendo 99,9% del Estado Nacional, mientras que el 0,1% restante corresponde a la Fundación Banco Nación. 

Sin embargo todo sigue igual. El maltrato a los clientes que los mantiene cautivos durante horas para realizar trámites. Varias de las sucursales operan en esa misma dirección. En Salta le importa muy poco la gente especialmente los jubilados que son sometidos a maratónicas sesiones en la calle Alberdi en procura de solucionar un problema.

Recientemente salió el tema de Federico Sharif Menem (le suena el apellido) que  obtuvo un crédito del Banco Nación por 357 millones de pesos. El joven es sobrino de Martín y Lule Menem, tiene 24 años y tuvo su primer trabajo en blanco en 2024. En otro caso similar, a un dirigente libertario de Córdoba la banca estatal le dio un préstamo que superaba 52 veces su capacidad crediticia. Algo similar sucedió con Virginia Gallardo, que recién asumió como legisladora.  

A estos dos casos se suman los créditos que consiguieron los funcionarios Felipe Núñez, Federico Feriase y Juan Pablo Carreira y el diputado Mariano Campero. 

También se encuentra el del diputado rosarino Alejandro Bongiovanni, quien en enero de 2026 accedió a un crédito por 255 millones de pesos. El dato adquiere relevancia política por su cercanía temporal con su pase del PRO al bloque oficialista en la Cámara de Diputados, concretado a fines de 2025. Pero la lista es más amplia.

El caso más relevante es el otorgado a Federico Furiase, secretario de Finanzas y colaborador del ministro de Economía Luis Caputo, quien obtuvo un crédito de 367 millones de pesos en 2025. Hace unos días con absoluta caradurez defendió la estabilización económica, minimizó el malestar social y aseguró que la inflación caerá con fuerza desde abril. La remató diciendo: “No creo que la gente esté peor”.

Otro caso que involucra a la centenaria entidad crediticia es cuando el 8 de julio de 2020, el fiscal Gerardo Pollicita hizo público un documento que muestra la facilidad con la que algunos directivos de la empresa Vicentín accedían a los créditos del Banco Nación, cuyo presidente era Javier González Fraga. Se habló en su momento que el banco era acreedor de US$ 300 millones. 

Dice la página 24 del documento: “El 26 de noviembre de 2019, los funcionarios del Banco de la Nación Argentina -Bled, Tortul, Testa, Moschini y González- en menos de una hora -entre las 10.38 y las 11.17- y a pedido de los empresarios Herman Vicentin y Máximo J. Padoán, le concedieron a la firma Vicentin un nuevo crédito por la suma de US$ 6.000.000”, sostiene el documento.

La empresa que más creció durante el macrismo, en esos años fue la expresión más genuina de la financiarización de la economía. Según Forbes, los clanes Vicentin, Buyatti, Padoán, Nardelli y Boschi, dueños de la compañía, ocupaban el puesto 29 entre las 50 mayores riquezas del país. 

En su momento, en Santa Fe se formó una comisión especial  para el seguimiento del caso Vicentin compuesta por todos los frentes políticos de la provincia. La mayoría coincidieron que el caso de Vicentin se trata del «Robo del Siglo» traducido en el descomunal desfalco perpetrado por los directivos de la firma, causando perjuicios económicos irreparables a las arcas del estado a través del Banco de la Nación Argentina, además de la  cadena productiva agroindustrial y a los productores agropecuarios regionales. 

A la hora de la verdad funciona como un prestamista de última instancia para los integrantes de la nueva casta. Basta con decir que de los últimos cincuenta créditos, treinta y cuatro corresponden a legisladores y funcionarios del oficialismo.

Por Humberto