El gobierno logró la media sanción de la modernización  laboral. Debieron pasar mas de cincuenta años, para lograrla y como ocurre en estos casos, luego de una maratónica y aburrida sesión, pasada la medianoche, el oficialismo pudo cantar victoria con el voto de 42 senadores, cinco más de lo que necesitaba. Allí se retiraron contentos del recinto.

Igual se fueron más temprano y sin que lo vieran varios líderes sindicales que incitaban a marchar y disfrutar con la violencia, en las afueras del Congreso, pero sin dar la cara. Los «ex gordos» de la CGT, después de incómodos silencio, parecía que habían recuperado la voz pero una vez que negociaron lo que más les preocupaba: la cuota sindical y los aportes, ordenaron guardar la bandera de protesta y tocaron retirada; al final sindicalista que huye sirve para otro período. Como siempre lo hicieron. Total que los trabajadores reciban los garrotes, pero la caja no se toca; al menos por dos años.

Sin embargo las primeras protestas llegaron de parte de integrantes de la propia organización. Daniel Yofra, líder de los aceiteros disparó contra la CGT,  a la que comparó con «un perro que no ladra».

Horas antes un verborrágico Mallans, destacaba “este modelo ya fue probado, fracasó y va a fracasar”, aseveró y nombró desde el gobierno de facto, Fernando de la Rúa y Mauricio Macri.

La amnesia del legislador es preocupante porque no mencionó que de los 50 años, a Néstor Kirchner, Cristina Fernández y Alberto Fernández nunca les interesó el tema.

La normativa vigente regía desde 1974. Esta reforma, la más significativa desde entonces, representa una decisión trascendental impulsada por el gobierno nacional para actualizar las bases que organizan el trabajo en nuestro país.

Sindicatos y agrupaciones políticas del kirchnerismo y de la izquierda protestaron con violencia en la Plaza Congreso  contra la reforma laboral que el Senado trataba. 

Los incidentes ocurrieron a metros de donde estaban las columnas sindicales. «Estábamos al lado de donde tuvo lugar todo esto, de hecho recibimos algunos gases. Es una marcha que se ha desvirtuado», dijo Jorge Sola, cosecretario general de la CGT, convocante de la marcha.

«La CGT quería reclamar genuinamente y en paz social. Lo íbamos a hacer con el control de la situación. Esto ha sido armado», agregó sobre los incidentes.

Entre los primeros gremios en acercarse a la Plaza Congreso estuvieron la UOM y las dos CTA.  La UOM encabezó el frente gremial contra la reforma laboral, en el que también estuvieron sindicatos como Aceiteros, cuyo líder, Daniel Yofra, quedó en el centro de la polémica por fuertes declaraciones declaraciones contra el Gobierno e incluso contra la CGT.

Desde temprano se vieron a militantes de UATRE y UOCRA. También participó La Bancaria, con un cese de actividades desde las 13. «Esta reforma no moderniza: representa un retroceso de más de 100 años en materia de derechos laborales», dijeron en la previa desde el gremio que encabeza Sergio Palazzo.

El mismo dirigente que llegó al Congreso gracias a la lista sábana y que al principio defendía reclamos de los jubilados. En la medida que lograba los mejores aumentos para los bancarios se iba apagando el entusiasmo de apoyo para el resto de los  trabajadores.

La CGT logró mantener el financiamiento sindical clave en la reforma laboral de febrero 2026, asegurando la continuidad de la cuota solidaria obligatoria y los aportes a obras sociales. Además se mantendrá la cuota sindical compulsiva (con tope del 2% del salario) por dos años más, aunque a partir del 1 de enero de 2028 pasará a ser voluntaria. 

Es evidente la contradicción de la CGT porque ahora prefiere negociar con el poder y lograr la permanencia de sus privilegios y se olvida de los trabajadores. En concreto, según dicen algunos sindicalistas, la CGT tiró por la borda 100 años de lucha sindical, de dirigentes que fueron encarcelados, desaparecieron por pelear por esos derechos.

Por Armando.